sábado, 14 de enero de 2012

Toda clase de pieles



Hace muchos años había un castillo, en un lugar pequeño, donde vivía un rey que estaba casado con una mujer bellísima. La reina era la mujer más hermosa del mundo. Tenía unos largos cabellos dorados, era joven, era divertida…

Los reyes vivían enamorados y su felicidad aumentó cuando se enteraron de que esperaban un bebé. Fueron unos meses estupendos pero la tristeza llego pronto, al tener al bebé la reina se quedo muy muy malita y los médicos no pudieron curarla, poco antes de morir se quiso despedir de su querido rey y pedirle un último deseo, asique el rey acudió a su habitación y la reina le dijo: 
- he sido muy feliz contigo, y me voy feliz al pensar que mi hija va a crecer rodeada de amor, pero me preocupa su futuro asique tengo que pedirte que no le falte nunca de nada, por favor querido, consigue que nuestra hija se case con el príncipe más rico del mundo.

El rey acepto, y a los minutos la reina cerró los ojos, para dejarle lleno de tristeza.

Al poco tiempo, el rey se da cuenta de que no puede estar triste porque tiene una hija maravillosa que cuidar, asique decide centrar toda su atención en ella, dándola asi una infancia maravillosa. La princesita tenia siempre todo lo que quería y creció feliz con su padre…pero un día no muy lejano, la pequeña princesa se hizo mayor. Su padre se dio cuenta y decidió llevar a cabo el deseo de su esposa.

Un día decidió hablar con su hija y contarle el deseo de su madre. A la princesa no le gusto mucho la idea, pero ¿Quién sabe? A lo mejor ese príncipe rico también era guapo, caballeroso, valiente y todas esas cosas que ella soñaba del amor.

Asique decidió esperar entusiasmada su llegada, y para ello le dijo a su padre que tenia que estar preciosa cuando ese príncipe llegara y le dijo:

-          Padre, antes de que llegue el príncipe quiero que me regales, un vestido tan dorado como el sol, otro vestido tan plateado como la luna y otro vestido tan brillante como las estrellas. Para que al verme se enamore perdidamente de mí.

El rey la miró y la dijo que si eso es lo que quería así sería.

El rey mandó llamar a sus consejeros y les dijo que tenían que buscar el oro más puro y convertirlo en hilo para poder hacer el vestido tan dorado como el sol, que buscara la plata más pura para hacer el vestido tan plateado como la luna, y que buscara los mejores diamantes para hacer con ellos el hilo tan brillante como las estrellas.

La princesa al recibir esos vestidos quedo maravillada por su belleza convencida de que el príncipe se enamoraría de ella. Y pensó, si es taaan rico, quiero sorprenderle con algo que nadie tenga, asique decidió hacerle otro pedido a su padre.

-          Padre, quiero sorprender al príncipe, y para ello quiero un abrigo echo con toooodas las pieles del mundo.


El rey llamó otra vez a  los consejeros y les mando a todos los continentes a cazar todo tipo de animales para hacer el abrigo que quería su princesita.

Un año después el abrigo ya estaba hecho y a princesa tenía ya 18 años.

El rey llamó a la princesa y la dijo:

-Hija, aquí tienes tu abrigo, tu boda será en un mes, pero antes, conocerás a tu príncipe.

La princesa estaba ilusionada por la boda….pero el día de conocer al príncipe llego y no fue tal y como ella imaginaba.

Aquel hombre era frío, un sabelotodo, y feo. Así que, decidió escaparse del castillo para así, evitar casarse con él.

Antes de irse la princesa cogió unas joyas de su madre: una medalla, unos pendientes, y el anillo de bodas.

También cogió los 3 vestidos que mandó hacer a su padre y el abrigo de toda clase de pieles. El abrigo era muy grande y tenía una capucha que le permitía taparse la cara. Cogió todo lo que había preparado y escondió su cabello bajo la capucha del abrigo y se escapó con la esperanza de que su padre la perdonara algún día y entendiera que ella solo quería ser feliz como lo fue su madre con él.

Se escondió durante días en un bosque muy alejado del castillo, se había tirado días caminando y no sabía dónde estaba, y entonces…¡el ruido de unos caballos la asustaron!, y se escondió. Uno de los caballeros que iba a caballo vio el abrigo, y sintió curiosidad, se acercó y ¡SORPRESA! No era ningún tipo de animal sino una bella joven.

 La llevaron al palacio de un reino que ella desconocía y fue destinada a trabajar en la cocina, porque ella no quería decir que era una princesa por si su padre la encontraba....
Paso algún tiempo y la princesa se encontraba agusto, aprendió a hacer muchas cosas y se llevaba muy bien con todos los trabajadores del castillo.

Ella siempre iba vestida con su abrigo de pieles y con la cara tiznada de barro.

Pasan los meses y el príncipe heredero, se tenía que casar. Y decidió organizan un baile donde conocer a todas las princesas de los reinos.

 Llega el primer día de baile y toda clase de pieles, que así era como llamaba el cocinero a la princesa, había estado toda la mañana preparando los manjares para los invitados y estaba agotada. Pero cuando se acerca el momento del baile piensa que ella antes era una princesa y que esa era su forma de vida y le apetecía volver a sentirse como una de ellas.

Toda clase de pieles le pregunto al cocinero si  podía ver el baile. El cocinero, después de mucho insistirle, deja ir a la muchacha, pero con la condición de que vuelva a las cocinas antes de que acabe el baile para recoger todo lo de la fiesta. Toda clase de pieles le dice que sí y se va corriendo a su habitación. Se quita el abrigo, se limpia la cara, se cepilla muy bien su maravilloso cabello rubio, se pone el vestido tan dorado como el sol y se va al baile.

Cuando entró todo el mundo se giró para mirarla, no entendían que hacía una muchacha así sola en un baile. El príncipe la miró y le pareció una muchacha muy bella. Se acercó para bailar con ella y estuvieron toda la noche bailando. Cuando estaba terminando el baile toda clase de pieles dice que se tiene que ir y se va corriendo y el príncipe la intenta seguir pero al final la pierde.

Ella se va a su cuarto, se pone el abrigo de toda clase de pieles, se recoge su cabello rubio en la capucha, se tinta la cara y las manos y baja corriendo a las cocinas.

El cocinero la regaña porque la dijo que volviese pronto, como castigo la dice que tiene que hacer la sopa al príncipe para que se pueda dormir y subirsela…. Ella hace la sopa, la hecha en un bol y añade los pendientes de su madre, y sube.
 Ella llama a la puerta y dice:
-          ¡Majestad!
Y él le responde:
-          Pase, pase.

Ella le deja la sopa, se despide y se va. El príncipe empieza a tomar la sopa y piensa que está muy buena y entonces encuentra aquel extraño nuevo ingrediente. Al notar que la sopa estaba más buena de lo normal decide bajar a las cocinas y preguntar al cocinero que quién la había hecho. El cocinero le dice: -Yo, señor. ¿Estaba mal la sopa?-. El príncipe le dice: -No, es que es la sopa más buena que he tomado en mi vida. Y solo venía a felicitarte-. Se despiden y el príncipe vuelve a su cuarto.

Llega el segundo día de baile y Toda clase de pieles se va a su habitación, se quita el abrigo, se pone el vestido tan plateado como la luna, se cepilla su cabello rubio, se limpia la cara y las manos y baja al baile. El príncipe la vuelve a ver y va hacía ella para poder bailar juntos. Bailaron toda la noche y él la preguntaba que de dónde era, quién era… pero ella no le contestaba porque pensaba que si le decía que trabajaba en las cocinas no iba a querer saber nada de ella y prefería esperar al último día de baile.

De repente mira la hora y e se va corriendo a la habitación, se pone el abrigo de pieles, se tinta la cara y las manos y, como sabe que le va a hacer la sopa al príncipe, coge otra pieza de su madre, la medallita. Baja a cocina y el cocinero la dice que llega tarde otra vez. Toda clase de pieles hace la sopa para el príncipe, la hecha en un bol y mete la medalla dentro.

Ella llama a la puerta y dice:
-          ¡Majestad!
Y él le responde:
-          Pase, pase.

Ella pasa y le da la sopa, el príncipe le da las gracias. Ella se va y él se la empieza a tomar pero va buscando haber si ve otra pieza como la del día anterior. La encuentra, la limpia y la deja encima de la mesa. El príncipe empieza a pensar que esas piezas pueden tener algo que ver con la mujer con la que ha estado bailando esos días. Bajo otra vez a las cocinas y le pregunto al cocinero que quién había hecho la sopa. El cocinero le dice: -Yo, señor. ¿Le pasaba algo a la sopa?-. El príncipe le dice: -No, pero ¿no le ha ayudado nadie ha hacerla?-. El cocinero le dice: - Sí, me ha ayudado la cocinera. El príncipe empieza a sospechar e idea un plan para la última noche de baile. Ellos se despiden y el príncipe vuelve a su habitación.

Era el último día de baile y el príncipe tenía que elegir esposa. Toda clase de pieles trabaja muy duro durante todo el día y esta deseando que llegue la noche para ver a su príncipe….finalmente la princesa sube a ponerse su vestido tan brillante como las estrellas y baja al baile.

Estaba resplandeciente con ese vestido y cuando entró en el baile todo el mundo la miraba. El príncipe fue hacía ella, como todas las noches, bailó y habló con ella. La conversación que tenían era tan interesante que el príncipe la colocó un anillo en la mano y ella no se enteró. Cuando llegó el momento de terminar el baile ella salió corriendo. Era más tarde de lo habitual y se puso el abrigo de pieles, se tintó la cara y las manos como pudo y no la dio tiempo a recogerse el pelo, solo se lo pudo esconder bajo la capucha, y, como sabe que le va a hacer la sopa al príncipe, cogió otra pieza de su cadenita, el anillo que había pertenecido a su madre.

Baja a cocina y el cocinero la dice que llega tarde otra vez. Toda clase de pieles hace la sopa para el príncipe, la hecha en un bol y mete en la sopa el anillo, pero en vez de meter el de su madre se equivoca y mete el que el príncipe había colocado en su mano...

Ella llama a la puerta y dice:
-          ¡Majestad!
Y él le responde:
-          Pase, pase.
Cuando ella se va a ir el príncipe la dice:
-Espere aquí un momentito que termino la sopa y así se la puede llevar-.

Ella estaba muy nerviosa y más porque el príncipe no la dejaba de mirar, sobre todo las manos, y ella no lo entendía. Cuando estaba a punto de terminar la sopa el príncipe dice:

- ¿Qué hay aquí? Pero si es un anillo-, toda clase de pieles se empieza a poner roja, - ¿tu no sabrás de quién puede ser este anillo verdad?-.

 El príncipe se acerca a ella la desabrocha el abrigo y ve que debajo del abrigo estaba el vestido tan brillante como las estrellas.

Él le dijo:

- Este es el anillo con el que te quiero pedir que te cases conmigo, quiero que me hagas el hombre más feliz del mundo-.




Ahora sí, toda clase de pieles, había encontrado un príncipe con el que ser feliz, no sería el más rico del mundo pero sí era el príncipe, con el que ella siempre había soñado.


2 comentarios:

  1. Perfecto. Se he ha escapado un "echo" que es un "hecho".

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  2. Y a ti se te ha colado un "he" en vez de un "te"....¡¡¡EMPATE!!! JAJAJAJA

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